El estrés es una respuesta natural del cuerpo a situaciones desafiantes o amenazantes. Aunque puede ser útil en pequeñas dosis, el estrés crónico puede tener efectos negativos en la salud. Como se menciona en el artículo de Cien por Cien Natural, "el estrés en sí mismo no debe considerarse como algo malo. El estrés es positivo cuando produce un cierto grado de tensión que estimula los mecanismos que ponen en marcha las habilidades y capacidades del individuo para conseguir logros y superar los retos. El estrés es negativo cuando el grado de tensión física y emocional que sufre la persona supera sus capacidades de adaptación."
En el 2022, un estudio de CORPA Market Intelligence reveló que un 48% de los chilenos sufre de estrés, lo que resalta la importancia de abordar y gestionar este problema (El Mostrador) (ContactoSalud -). Para lograrlo de manera efectiva, es esencial, primero, que aprendamos bien qué es el estrés, los diferentes tipos y cómo cada uno de ellos puede afectar nuestra salud.
Tipos de Estrés
1. Estrés Físico
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Definición: Se refiere al estrés causado por demandas físicas sobre el cuerpo, como ejercicio intenso, lesiones, falta de sueño, y fatiga. Es el resultado de fuerzas físicas o esfuerzos que ponen presión sobre el cuerpo.
2. Estrés Biológico
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Definición: Se refiere específicamente al estrés causado por factores biológicos, como infecciones, enfermedades, reacciones alérgicas, y respuestas inmunológicas. Implica el impacto directo de patógenos (virus, bacterias) o condiciones internas que afectan la biología del cuerpo.
3. Estrés Químico
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Definición: Se refiere a la exposición del cuerpo a sustancias químicas nocivas, como contaminantes ambientales, aditivos en los alimentos, medicamentos y productos de cuidado personal que pueden afectar el equilibrio fisiológico del organismo.
4. Estrés Psicológico o Mental
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Definición: Se refiere a la respuesta emocional y cognitiva del cuerpo a situaciones percibidas como desafiantes o amenazantes. Este tipo de estrés puede ser causado por una variedad de factores, incluyendo:
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Factores emocionales: Problemas en las relaciones, pérdida de un ser querido, conflictos interpersonales.
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Factores cognitivos: Preocupaciones sobre el trabajo, estudios, finanzas, y otros aspectos de la vida.
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Factores ambientales: Exposición a ruidos constantes, cambios en el entorno, sobrecarga de información.
Riesgos del Estrés Mantenido en el Cuerpo
El estrés crónico, o el estrés mantenido en el cuerpo durante un periodo prolongado, puede tener varios efectos negativos en la salud:
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Problemas Cardiovasculares: Aumento de la presión arterial, enfermedades cardíacas, y riesgo de ataque al corazón.
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Sistema Inmunológico Debilitado: Mayor susceptibilidad a infecciones y enfermedades debido a la supresión del sistema inmunológico.
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Trastornos Digestivos: Problemas como el síndrome del intestino irritable (SII), gastritis y úlceras.
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Problemas de Salud Mental: Ansiedad, depresión, trastornos del sueño y problemas de concentración.
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Aumento de Peso: El estrés crónico puede llevar a hábitos alimentarios poco saludables y aumento de peso, especialmente en la zona abdominal.
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Problemas Musculoesqueléticos: Dolores musculares, tensión y dolores de cabeza frecuentes.
¿Qué podemos hacer para manejar mejor el estrés?
El estrés no siempre se puede eliminar, pero sí podemos aprender a regularlo y darle al cuerpo herramientas para volver al equilibrio.
Por eso, más que aguantar, la invitación es a escuchar el cuerpo e incorporar hábitos simples que ayuden a bajar el estado de alerta.
Algunas prácticas que pueden ayudarte son:
Respirar de forma consciente: hacer pausas durante el día para respirar lento y profundo ayuda a enviarle una señal de seguridad al sistema nervioso. Puedes probar inhalar en 4 tiempos, exhalar en 6 y repetir por algunos minutos.
Mover el cuerpo suavemente: caminar, estirar, practicar yoga, Qi Gong o ejercicios suaves ayuda a movilizar el Qi, descargar tensión acumulada y mejorar la sensación de bienestar.
Dormir y descansar mejor: el descanso es fundamental para reparar el cuerpo, calmar la mente y recuperar energía. Intenta bajar el ritmo antes de dormir, evitar pantallas muy tarde y crear una rutina nocturna más tranquila.
Pasar tiempo en la naturaleza: estar al aire libre, tocar la tierra, caminar entre árboles o simplemente recibir luz natural puede ayudar a regular el sistema nervioso y recordarle al cuerpo que no todo es urgencia.
Bajar la autoexigencia: muchas veces el estrés también aparece cuando vivimos tratando de responder a todo. Escuchar el cuerpo, decir que no, pedir ayuda y permitirnos descansar también es parte del cuidado.
Y junto con estos hábitos, los adaptógenos pueden ser un gran apoyo.
Por ejemplo, el Reishi es un hongo muy valorado cuando hay exceso de pensamiento, inquietud mental o dificultad para descansar. Desde la medicina china se relaciona con la calma del Shen, ayudando a acompañar estados donde la mente está muy activa.
La Ashwagandha es una planta adaptógena conocida por su apoyo en la regulación de la respuesta al estrés, ayudando a bajar ese estado de alerta constante asociado al cortisol, la llamada “hormona del estrés”.
El Cordyceps, la Rhodiola y el Ginseng son adaptógenos que pueden ser útiles cuando el estrés se expresa más en el cuerpo físico: cansancio, baja energía, fatiga, exigencia sostenida o sensación de no tener resistencia suficiente para enfrentar el día.
Y adaptógenos como el Astrágalo, la Cola de Pavo, la Schisandra, el Chaga y otros hongos y plantas medicinales pueden apoyar al organismo frente al estrés oxidativo, ese desgaste interno que se produce cuando el cuerpo está expuesto a mucha exigencia, inflamación, contaminación, mala alimentación o falta de descanso.
El estrés puede estar presente, pero no tiene por qué tomar el control de tu día.